Luego de reñidas elecciones en las que ningún candidato obtuvo la mayoría absoluta de votos válidos, deberán competir en un balotaje decisivo el próximo domingo 25 de octubre para definir quién asumirá la presidencia brasileña en enero de 2027 y hasta 2031, el presidente en ejercicio Luiz Inácio Lula da Silva (45,16%)del Partido de los Trabajadores (PT) y Flávio Bolsonaro (47,03%), del Partido Liberal (PL) primogénito del convicto expresidente golpista, imitador de Trump, Jair Bolsonaro.

Las próximas tres semanas de campaña serán cruciales porque el resultado del balotaje sigue abierto. Por un lado, la distancia entre los dos candidatos es de sólo 1,87%. Por otro lado, aunque los otros 10 candidatos acumularon apenas 7,81% de los votos válidos, en el complejo sistema político brasileño no se puede anticipar el destino de sus apoyos. A ello se agrega, como desafío fundamental, la estrategia de Lula por captar parte de los 33 millones de electores ausentes (21,08%), el más alto abstencionismo desde 1998, el de los votos en blanco (1,84%) y los votos nulos (2,93%).

Dos modelos antagónicos de país…

Es así como en el plano nacional, los programas electorales apuntan a la disputa entre dos modelos de país. Por un lado, la dupla del Senador Flávio Bolsonaro y Alfredo Gaspar, busca reeditar el Gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro con el slogan: “Dios, Patria, Familia y Libertad”. Su programa oficial de Gobierno promete reducir el tamaño, cortando al menos diez ministerios y reestructurar los servicios públicos. Contra toda política medioambiental, respondiendo a la agroindustria, asegura transformar la Amazonía en riqueza. Promete liberar Jair Bolsonaro condenado por golpismo y reestructurar el Tribunal Supremo de Justicia (Corte Suprema). En materia de seguridad, alaba el modelo Bukele y designará “organizaciones narcoterroristas” a bandas criminales, como el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho, favoreciendo la intromisión militar del Presidente estadunidense Donald J. Trump y su Escudo de las Américas, alineándose con Israel. No es por nada que Trump, Milei, Machado, De la Espriella y Benjamín Netanyahu saludaron prontamente su victoria en la primera vuelta.

Por otra parte, desde su propuesta progresista, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó la elección como una definición entre democracia y barbarie. Su programa promete el fortalecimiento de la democracia, la soberanía brasileña y la regulación de las redes sociales, entre otros. Defiende la soberanía sobre los recursos estratégicos y energéticos. Propone combate financiero al crimen organizado para ahogar sus estructuras. En materia social, prioriza la economía del hogar y las políticas sociales para reducir las desigualdades. A la hora del balance se reconocen éxitos del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Por un lado, el PIB creció en 3,2% en 2023 y 3,4% en 2024. El contexto inestable y los aranceles de Trump provocaron una baja del PIB a 2,3% en 2025. Para 2026 se calcula un PIB del 1,5% de acuerdo con el Banco Central, pero la situación es estable y el desempleo cayó a 5,6%. El retorno de los programas sociales redistributivos sacaron de la pobreza a 14,17 millones de personas y permitieron que en 2025 Brasil volviera a salir del Mapa del Hambre.

Un complejo sistema político…

Brasil tiene un complejo sistema político, que como ocurre con otros progresismos latinoamericanos dificulta las transformaciones estructurales al mantener alianzas con las burguesías. Ello está ligado a una limitada transición pactada a la democracia en 1989. Una transición que arrastra interpretaciones que ocultan la impunidad de crímenes que sólo en 2014 fueron parcialmente reconocidos por la Comisión Nacional de la Verdad y que sustentan la narrativa ultraderechista del clan Bolsonaro.

Y es que las elecciones ponen en evidencia el complejo sistema político brasileño porque los indudables avances producidos por Lula no le aseguraron su victoria como el esperaba, debiendo reconocer que falta un largo camino por recorrer. Y es que Brasil sigue marcado por una de las mayores concentraciones de la renta del planeta, distribución de la riqueza y una desigualdad social estructural, con 12,9 millones de personas que viven en la miseria.

Otro ejemplo, es que se elegían 27 gobernadores, los miembros del Congreso (54 de los 81 Senadores y los 513 diputados federales), además de mil escaños estatales. Lula (PT) consiguió mantener las gobernaciones de Bahía, Ceara y Piauí y puede concitar apoyos entre los 7 gobernadores independientes. Por su parte, Bolsonaro obtuvo cinco gobernaciones directas, otras cinco son de la coalición. Falta el balotaje de 7 gobernaciones para el 25 de octubre pero, lo cierto es que, por el momento, las relaciones de fuerzas a nivel de gobernaciones no experimentan cambios radicales.

Respecto del Congreso, aunque perdió pie el Partido de los Trabajadores y sus aliados y aumentó hasta un tercio el peso del bolsonarismo (PL) y la coalición de derecha en el Senado y la Cámara de diputados, pero no le alcanza para destituir los jueces de; Tribunal Supremo de Justicia. Lo cierto es que, de acuerdo con Pares,  los partidos alternos del llamado Centrao seguirán jugando un rol clave en la agenda legislativa, imponiendo negociaciones, transacciones con lo que algunos califican de compra de votos.

Lo que se viene…

A pesar de que algunos, como el cientista político Miguel Lago entrevistado en The Guardian no creen que Flávio pueda perder la elección, porque nunca ha ganado quien perdiera la primera vuelta; lo cierto es que nunca desde la redemocratización, la distancia entre los dos primeros había sido tan corta según los expertos. Por ello, es necesario concluir que persiste la incertidumbre sobre el resultado del balotaje del 25 de octubre con el que los brasileños designarán al ocupante del Palacio Planalto a contar del próximo 5 de enero.

¿Por qué perdió Lula la primera vuelta?

Desde la cantera crítica del Gobierno de Lula, Marcelo Cantelmi, afirma que la avalancha bolsonarista habría beneficiado de votantes tradicionales de Lula, quienes perdieron la esperanza de mejorar sus ingresos. Se habría tratado de un voto de castigo, porque Lula perdió casi 3,5 millones de votos respecto de la primera vuelta de hace cuatro años.

Bernardo Mello Franco del periódico O Globo estiman que, como en 2018, la victoria del clan Bolsonaro se debió a la persistente influencia de la Iglesia Evangélica y su Teología de la Prosperidad. Ello, a pesar de la polémica por los dichos de Flávio Bolsonaro sobre la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil, que fortaleció el voto de Lula entre los católicos.

El antipetismo de Flávio Bolsonaro habría logrado altos dividendos en la campaña. Acusaciones de que Lula estaba más preocupado de la soberanía que de los problemas de la gente, explotando la crisis de salud pública y de endeudamiento por las apuestas online. No alcanzó a tener efecto el decreto de Lula que prohibió desde el 6 de octubre las apuestas deportivas y los casinos en línea. Otros critican que Lula no prestó importancia a la violencia urbana pese a ser la preocupación principal del 31% de un electorado, que tiene miedo y es presa fácil del populismo securitario, al estilo de Bukele.

Todo ello a pesar de las acusaciones de corrupción que pesan contra Flávio Bolsonaro por el financiamiento de una película sobre su padre por Daniel Vorcano del Banco Master responsable de un enorme fraude financiero. El discurso contra las instituciones, incluido contra el Tribunal Supremo de Justicia parece no afectar al Clan Bolsonaro, cuatro de sus miembros acceden al parlamento.

Para otros, está escrito que Brasil se uniría a la ola de extrema derecha que se enseñorea de Sudamérica. Todo ello augura un reforzamiento de la injerencia del presidente Donald J. Trump en favor del clan Bolsonaro. Desde la imposición de aranceles de 50% a las importaciones de Brasil en mayo de 2025, a las que siguieron nuevas tarifas el 21 de julio pasado, provocando una caída de las exportaciones brasileñas a EUA al nivel más bajo desde 1997. No hay dudas que se agregarán nuevas injerencias, como el reciente de cierre, por vagas razones de seguridad, de las embajadas y consulados estadunidenses en víspera de las elecciones.

¿Hacia una victoria de Lula el 25 de octubre?

En Brasil está en juego hasta dónde llega su soberanía; el papel del Estado; quiénes son beneficiados del desarrollo económico, el lugar del trabajo y del capital, entre otros.

La realidad es que por la corta victoria de Flávio Bolsonaro el resultado del balotaje sigue abierto. Se trata de la más mínima distancia en la primera vuelta electoral desde el fin de las dictaduras militares.

Lo cierto es que, aunque el Gobierno de Lula puede mostrar resultados objetivos favorables por su gestión en los últimos cuatro años, ellos no se han traducido aún en una victoria electoral. El teólogo y filósofo Leonardo Boff expresó su confianza en que Luiz Inácio Lula da Silva, vencerá en el balotaje del 25 de octubre.

Por su parte, el sociólogo argentino Atilio Borón, afirma que  “no todo está perdido”. Que es necesario ver si Lula consigue despertar el interés de “quienes optaron por abstenerse”. Emir Sader, destacó que la importante abstención de los jóvenes, fue porque “nuestro discurso no llega a ellos”. El PT “no cosecha de las políticas económicas con éxito económico y social”.

En su discurso de la noche de la elección el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha definido que centrará su campaña en las denuncias del proyecto autoritario del Clan Bolsonaro, buscando recuperar los más de 3 millones de votantes que perdió en estas elecciones respecto de 2022.  Gustavo Veiga destaca que Lula ya se activa en hacer campaña para obtener apoyo de entre los 33 millones (21,08%) abstencionistas como la llave de la puerta del Palacio de Planalto el 25 de octubre.

El desafío de la izquierda brasileña es fundamental, porque de acuerdo con Marta Martín, la derrota de Luiz Inácio Lula da Silva, deja como enseñanza que “ninguna conquista social es irreversible y ningún espacio político permanece ocupado para siempre”. Algunos desde la izquierda critican a Lula por su incapacidad en producir un sucesor, un fenómeno que afecta al progresismo a nivel continental.

Las elecciones brasileñas despiertan gran interés en Sudamérica y el mundo, porque Brasil, país de 214 millones de habitantes, es el más numeroso y extenso de América del Sur. La región queda en suspenso ante los resultados del balotaje porque con las sucesivas victorias de la derecha en la región, es indudable que se entra a un nuevo ciclo en que la ultraderecha sumisa a Washington, se posesiona de Sudamérica, con la excepción de Uruguay.

Varios plantean que el balotaje será entre Lula y la Casa Blanca. Y es que la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva, por su alianza con los BRICS, sería un baluarte de resistencia contra la cruzada neocolonial de Donald J. Trump, su atávica doctrina Donroe y su Escudo de las Américas, con la que intenta poner bajo su bota toda la región latinoamericana del ártico canadiense hasta la Antártica.

Las próximas tres semanas serán cruciales, no sólo para la izquierda brasileña sino que para toda la región…