Resumen: El 31 de mayo, más de 41 millones de colombianos y colombianas deben elegir entre 14 candidatos quien ejercerá la presidencia hasta 2030. El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, favorito en las encuestas, promete continuar las transformaciones estructurales iniciadas por el actual presidente Gustavo Petro. Aunque Cepeda espera ganar en la primera vuelta, la mayoría de las encuestas indican que deberá disputar la presidencia en un balotaje, previsto para el 21 de junio, probablemente contra el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella de los Defensores de la Patria; porque la candidata del uribismo, Paloma Valencia, del Partido Centro Democrático, quedaría lejos, en el tercer lugar.

Pero, pueden haber sorpresas, como en 2022, por las metodologías de las encuestadoras, por el voto voluntario y la alta abstención, además del carácter complejo y lo diverso de la sociedad colombiana, o por los efectos una agresiva campaña de la derecha en medios de comunicación, en redes sociales, tanto contra el balance del popular gobierno de Gustavo Petro, como contra el candidato del Pacto Histórico.

Las elecciones colombianas son trascendentales para Colombia. Ellas auguran un cambio de ciclo, por la persistente popularidad de la izquierda progresista, ligada al buen balance del gobierno de Gustavo Petro, por el apoyo de movimientos sociales. Ello lleva a un nuevo bipartidismo, distinto del tradicional entre derechas colombianas. Son también elecciones trascendentales para una región latinoamericana sometida a la agresión y amenazas de la neocolonialista doctrina Donroe del inquilino de la Casa Blanca, porque ella contribuiría a revertir los avances de las ultraderechas autoritarias y subordinadas a Washington en el continente.

¿Hacia una nueva victoria de la izquierda en Colombia?

El 31 de mayo unos 41 millones de colombianos, están llamados a las urnas para elegir, entre 14 candidatos, quién gobernará Colombia hasta 2030, sin posibilidad de reelección inmediata o consecutiva. Para ganar en la primera vuelta se requiere obtener más del 50% de los votos válidamente emitidos; en caso contrario, el 21 de junio próximo, se realizará un balotaje entre los dos más votados. El nuevo presidente entrará a la Casa de Nariño el 7 de agosto.

La dupla favorita es la del progresista Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro a la presidencia y la lideresa indígena y senadora, Aida Quilcué Vivas a la vicepresidencia. Iván Cepeda hace campaña para ganar en la primera vuelta para “construir oportunidades en Colombia”. Como el voto es voluntario, la abstención, históricamente altísima en Colombia (45% en las presidenciales de 2022), será un factor importante en los resultados. Otro factor, será el impacto de la intensa campaña sucia de la derecha, en sus medios de comunicación y en las redes sociales, contra el saliente presidente Gustavo Petro y el candidato de la izquierda progresista, Iván Cepeda.

Por lo pronto, Cepeda está asegurado de pasar a la segunda vuelta del 21 de junio, porque liderea una izquierda unida contra una derecha fragmentada. Incluso ha extendido la alianza que llevó a la victoria a Gustavo Petro en 2022, formando una coalición de “progresistas, liberales y reformistas de todo el espectro político. Entre otros cuenta con el apoyo del expresidente del Partido Liberal, Ernesto Samper (1994-1998) quien declaró que ”El país tendrá que decidir entre profundizar el cambio o volver al viejo modelo neoliberal”. 

El Senador Iván Cepeda, Busca profundizar el legado de Gustavo Petro. Es un luchador por los derechos humanos, portavoz del Movimiento Nacional de víctimas de Estado (Movice), representa los esfuerzos por terminar con la violencia endémica colombiana y lograr la «Paz Total» prometida por Petro. Iván Cepeda es hijo del Senador Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994, en el marco del exterminio de más de 6,200 miembros de la Unión Patriótica por agentes del Estado. Una ejecución extrajudicial condenada en 2010 por la CIDH y calificada de genocidio por la Comisión de la Verdad de Colombia en 2022.  

Su programa de gobierno, “El poder de la verdad” promete la profundización del proceso de transformaciones estructurales iniciado por el primer gobierno de izquierda en Colombia dirigido por Gustavo Petro, que termina con una “alta e inusual” popularidad de más del 50%. Un gobierno que, a pesar de no contar con mayoría en el Congreso, siguió ligado al movimiento popular del estallido social de 2019 a 2021, consiguiendo avanzar gracias a la movilización social en las calles.

Iván Cepeda ha realizado una excelente campaña de terreno y cuenta con apoyo sindical y del movimiento social y extendiendo la base social del Pacto Histórico y construyendo su plataforma electoral con participación democrática. Su programa continuará la revolución económica y social del gobierno de Gustavo Petro buscando eliminar la pobreza, superar la desigualdad social, acabar con el hambre y el desempleo, mejorando el acceso a la salud y a la educación gratuita. Profundizará, además, la transición energética, la reforma agraria y creará alianzas público-comunitarias.

Iván Cepeda también propone una revolución ética, contra la macro corrupción, por la verdad, la justicia y reparación para las víctimas; asegurando garantías de no repetición, protección de firmantes de paz y el cumplimiento del Acuerdo Final de Paz de 2016, para la transformación de Colombia en actor de la paz. El programa del Pacto Histórico propone el fortalecimiento del poder constituyente. Promete una revolución política y democrática basada en el principio “mandaré obedeciendo y escucharé dialogando”.

Fragmentación derechista entre Libertarismo y Uribismo tradicional

Los programas de los candidatos de la derecha colombiana, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia tienen pocas diferencias, insisten en un giro securitario. A pesar de una fuerte campaña contra el progresismo en los medios empresariales, en redes sociales y desde Washington, El País, afirma que son las disputas internas de la derecha colombiana, las que han entorpecido su camino a la victoria en las presidenciales con un candidato único. Otros observadores coinciden en que la fragmentación de la derecha les llevará a una derrota en las presidenciales. Otros agregan que la derecha se equivocó al centrar su campaña en un discurso antipetrista ideologizado.

Abelardo de la Espriella, alias “el Tigre”

La fragmentación de la derecha se expresa, por un lado, en la dupla del outsider ultraderechista Abelardo de la Espriella, alias “el tigre” y José Manuel Restrepo Abondano, (ex ministro del expresidente Iván Duque) del movimiento de ultraderecha, Defensores de la Patria. De la Espriella promete gobernar con “mano de hierro”. Su discurso de extrema derecha, emula el del presidente argentino Javier Milei, el del presidente salvadoreño, Nayib Bukele y del presidente chileno José Kast, quien le invitó a su toma de posesión.

Su discurso populista de ultraderecha invoca el sentido común aplicado a la Nación. Familia, Propiedad, Trabajo, Fe y Seguridad. Promete Seguridad; Austeridad y una Economía Libertaria. El programa de Abelardo de la Espriella se llama “País Milagro”. En materia de austeridad, propone reducir el estado en 40% de cara al 2030. Imitaría la “motosierra”, eliminando ministerios, porque sobrarían 700 mil funcionarios y contratistas.

En materia de seguridad promete eliminar la jurisdicción especial para la paz y sacar a Colombia de la CIDH. Sigue al pie de la letra el programa represivo de Bukele, prometiendo construir 10 megacárceles y centros penitenciarios para asegurar que los bandidos no queden libres por falta de cupos o que estos delinquen desde los centros de reclusión. Además promete aumentar las fuerzas armadas y de seguridad para asegurar el control total del territorio nacional. En materia económica, propone una economía libertaria como en la Argentina de Javier Milei, con reducción del Estado, baja de impuestos, desregulación y fortalecimiento del modelo neoliberal extractivista gracias a la inversión extranjera. En su cierre de campaña en Bogotá el candidato ultraderechista hizo discurso tras una “pecera” de seguridad, rodeado de humo y efectos de pirotecnia.

Paloma Valencia. Candidata del uribismo

Por otro lado, está el desplome en las encuestas de la dupla del partido Centro Democrático, de Álvaro Uribe con Paloma Valencia, candidata a la presidencia y Juan Daniel Oviedo a la vicepresidencia.

Su Plan de Gobierno cuenta con 111 puntos; reedita las propuestas tradicionales de Álvaro Uribe, para enfrentar la crisis de seguridad “para vivir sin miedo”. Al igual que Abelardo de la Espriella, propone aumentar el gasto en seguridad y la dotación de fuerzas armadas y de seguridad y recurrir a la inteligencia artificial y tecnología.

En materia económica promueve un mayor crecimiento económico bajando impuestos, regulaciones a las empresas y apoyo al emprendimiento. Propone atraer la inversión extranjera y restructurar la deuda externa. Fortalecer el extractivismo reactivando el fracking y la explotación de hidrocarburos. Propone crear una escalera para salir de la informalidad y promete solucionar el atraso en asignación de citas médicas, mejorando la eficiencia del sistema.

La debacle de la candidatura de la representante del uribismo en las encuestas responde a la caída de una derecha que dominó la política colombiana en las últimas décadas, ligada a la condena del expresidente Álvaro Uribe en agosto de 2025, por soborno a testigos y fraude procesal, delitos menores comparados con su largo historial de vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico y los crímenes cometidos durante su presidencia. .

La candidatura de Paloma Valencia no resolvió la crisis del uribismo, como lo hiciera Iván Duque en 2018. Una crisis ligada a las dificultades de remplazo de candidato del partido Centro Democrático luego del asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay por un sicario de la mafia extranjera. A ello se agregan las luchas intestinas en el Partido Centro Democrático, que, sin embargo, es la segunda fuerza en el Congreso.

Resultado incierto por polémicas encuestas

La encuesta de CELAG apuntaba a una posible victoria presidencial de Iván Cepeda en la primera vuelta. Sin embargo, la mayoría de las encuestas, aunque confirman su victoria el 31 de mayo, pero establecen la necesidad del balotaje del 21 de junio para definir la presidencia. La encuesta Invamer otorga 44,6% a Iván Cepeda, 31,6% para Abelardo De la Espriella y 14,0% para Paloma Valencia. El ponderador de varias encuestas de La Silla Vacía, mantiene un orden semejante. Los otros once candidatos, incluido los centristas Sergio Fajardo y Claudia López, no superarían el 3%. Todas las encuestas apuntan a un desplome de la candidata del uribismo, Paloma Valencia – que aún espera causar una sorpresa – e indican que será el ultraderechista Abelardo de la Espriella quien irá al balotaje.

Pero podrían haber sorpresas como en 2022, porque las encuestas en Colombia tienden a equivocarse, por la diversidad regional, las desigualdades y los intereses en juego. Como recuerda la Agencia Periodismo Investigativo (API) en 2022, todas aseguraban una victoria a Federico “Fico” Gutiérrez, pero fue Rodolfo Hernández quien terminó en segundo lugar compitiendo en balotaje con Gustavo Petro. En cuanto al balotaje del 21 de junio, la última encuesta de Cambio, da un empate técnico en la segunda vuelta entre Iván Cepeda y De la Espriella, mientras que encuestas, como la de Guarumo y EcoAnalítica ordenada por el derechista periódico El Tiempo, afirman incluso que Cepeda perdería contra Abelardo de Espriella y contra Paloma Valencia en la segunda vuelta.

Es así como las polémicas por las encuestas y su metodología han marcado los debates, de acuerdo con El País. El Consejo Nacional Electoral (CNE) prohibió la encuesta de la empresa brasileña, Atlas Intel, para la derechista Revista Semana, por vulneración de la normativa que regula la publicación de encuestas por uso de una metodología digital prohibida, lo que desvirtuaba los resultados, sobrevalorando el voto por Abelardo de la Espriella.

Campaña contra Gustavo Petro, Iván Duque y el progresismo

Para estas elecciones presidenciales aumentó lo que algunos califican de operación “fraude” contra Colombia. La ausencia de un debate oficial entre los candidatos a la presidencia no benefició la claridad. La prensa internacional insiste en la violencia y la polarización. Lo cierto es que hay una reducción histórica del número de homicidios, a pesar de las dificultades de la Paz Total. De acuerdo con API, las elecciones presidenciales 2026, pasarán a la historia “como una de las más sucias y antidemocráticas”. En efecto, a la campaña tradicional contra el progresismo por parte de medios empresariales, se agregan los ataques y la desinformación en redes sociales; el uso de la inteligencia artificial y la máquina del fango, con saturación mediante algoritmos.

Bloomberg, entre otros, insisten en cuestionar el balance del gobierno de Gustavo Petro, por la deuda pública y el manejo fiscal del gobierno progresista; denunciando incluso, la existencia de un déficit oculto, como el diario El Colombiano.  Cuestionan el balance económico positivo y los 100 logros del gobierno de Gustavo Petro.

Por su parte, la campaña sucia recurre a técnicas de desinformación, como el falso audio circulado, entre otros, por noticias RCN, el diario El Tiempo, y otros medios de comunicación. En el audio, de fuente militar, uno de los jefes de las disidencias de la FARC, Rogelio Benavides, alias Calarcá, afirmaba apoyar al candidato del Pacto Histórico y amenaza violentamente a quién no votara por Iván Cepeda. Lo cierto es que se trataba en realidad de un delincuente del centro penitenciario de Tolima, dedicado a la extorsión telefónica, de acuerdo al mismo el ministerio de defensa.

A ello se agregan las denuncias de manipulación electoral e imposición de narrativas por el millonario Proyecto Júpiter del uribismo, denunciado por la Revista Raya. Se trataría de una estructura paralela de intervención política conformada por empresarios, OSBL, figuras influyentes y medios privados de comunicación, que actúan fuera de la normativa electoral colombiana con importante financiamiento para imponer su agenda electoral. Además, está la ofensiva de desinformación contra Colombia y otros gobiernos progresistas en la región del llamado Hondurasgate, revelado por el canal red.

A ello se agrega la ofensiva de Washington por imponerse en la región, particularmente en Colombia. El senador republicano de Ohio, de origen colombiano, Bernie Moreno, advirtió que Washington podría desconocer los resultados si hay irregularidades asociadas a la intimidación de votantes. Moreno será observador de las elecciones. Muy cercano a Trump, hizo amenazas de repetir lo hecho en Venezuela: “Ya tuvimos que intervenir militarmente en Venezuela para arreglarlo”.

Elecciones trascendentales para Colombia y Latinoamérica

La izquierda colombiana progresista tiene las mejores posibilidades de victoria ante una derecha dividida. Una victoria del Pacto Histórico, en la primera o segunda vuelta, confirmaría el cambio de época iniciado con el gobierno de Gustavo Petro en 2022, rompiendo de manera democrática con el excluyente reparto clientelista del Estado del bipartidismo liberal-conservador, del interminable acuerdo del Frente Nacional entre fracciones de la derecha de hace más de 70 años. Una difícil transición marcada por la violencia, ligada históricamente a una democracia restringida, indirecta, bloqueada por la oligarquía, con profundas desigualdades socioeconómicas acentuadas por un modelo neoliberal extractivista y una persistente dependencia de Washington.

Una difícil la transición colombiana que seguirá siendo compleja, porque a pesar de que en las elecciones legislativas del 8 de marzo recién pasado, el Pacto Histórico, se fortaleció como la fuerza más votada, aumentando su número de curules en el Senado de 20 a 25 sobre 103 y; aumento de 26 a 37 de los 161 miembros en la Cámara de representantes; la izquierda progresista sigue sin contar con la mayoría en el Congreso y debe recurrir a la movilización social.

Se trata de importantes elecciones para Colombia. Una nueva victoria del Pacto Histórico confirmaría que la izquierda devino un fenómeno político sostenible, asegurando la continuidad de los esfuerzos transformadores del presidente saliente, Gustavo Petro. Rompería además de manera persistente, con la tradición bipartidista liberal-conservadora, estableciendo un nuevo bipartidismo, entre una izquierda unida en el Pacto Histórico y una derecha fragmentada en siete partidos, pero que sigue siendo mayoría en el Congreso, luego de las elecciones legislativas del 8 de marzo pasado.

Las elecciones presidenciales en Colombia son trascendentales para la izquierda y el progresismo latinoamericano. La victoria de Iván Cepeda cuestionaría la oleada de ultraderechismos, autoritarios y subordinados a Washington, con las reelección de Daniel Noboa en Ecuador, de Nasry Asfura en Honduras, de Javier Milei en las legislativas de octubre pasado en Argentina, la de José Kast en Chile. Marcaría el comienzo de un nuevo ciclo progresista.

Una victoria de Iván Cepeda y la continuidad del proyecto progresista del Pacto Histórico reforzaría la barrera progresista erigida por Gustavo Petro, por Claudia Sheinbaum en México, por Inácio Lula da Silva en Brasil y de otros gobiernos de la región, contra los objetivos estratégicos de dominación colonialista de la Doctrina Donroe en América Latina. El gobierno de Gustavo Petro, cuestionó la ineficaz guerra contra las drogas de Washington, impulsa una transición energética soberana, defiende la integración latinoamericana y en política internacional denuncia tanto el genocidio del pueblo palestino en Gaza, como la agresión de Washington contra Cuba.

En ese contexto recordemos las amenazas del senador republicano de Ohio, de origen colombiano, Bernie Moreno, quien advirtió que Washington podría desconocer los resultados, si hay irregularidades asociadas a la intimidación de votantes. Moreno será observador de las elecciones. Muy cercano a Trump, hizo amenazas de que Trump repetiría que hizo en Venezuela: “Ya tuvimos que intervenir militarmente en Venezuela para arreglarlo”. Gustavo Petro le respondió al Senador estadunidense que: “la decisión libre del pueblo de Colombia se respeta. Esto es una democracia , no una servidumbre”.