Resumen: el 31 de mayo, más de 41 millones de ciudadanos colombianos, concurrieron a las urnas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Como ningún candidato obtuvo más del 50% de los votos válidos, volverán nuevamente a las urnas el 21 de junio para definir quién ocupará la Casa de Nariño hasta 2030. Los electores deben elegir entre dos modelos de país. Por un lado está el ultraderechista Abelardo de la Espriella Otero, alias “el tigre”, de los “Defensores de la Patria”, con su programa “Reconstruir la Patria Milagro”, quien ocupó el primer lugar con el 43,74% de los votos, presentándose como un outsider, repitiendo la fórmula de la derecha colombiana de Rodolfo Hernández en 2022. La ultraderecha colombiana obtuvo una cantidad semejante de votos que en 2022. ¿Conseguirá aumentarlos el 21 de junio?

Por otro lado está el candidato de izquierda, Iván Cepeda Castro, del Movimiento Político Pacto Histórico, con su programa, “El Poder de la Verdad”, que promete profundizar el procesos de transformaciones iniciado por el gobierno progresista de Gustavo Prieto. Los resultados de la izquierda en la primera vuelta fueron semejantes a los obtenidos por Gustavo Petro en 2022. El cambio fundamental, fue el desplome al 6,9% del voto de Paloma Valencia, candidata de la ultraderecha uribista, cuyos votos fueron absorbidos por el “showmen ultra” Abelardo de la Espriella. En lugar de ser un fenómeno pasajero, la izquierda colombiana se transformó en un actor político fundamental, instalando una polarización izquierda/derecha, que terminó con la exclusión a que la destinó el pacto entre conservadores y liberales de mediados del siglo XX. Los resultados de las presidenciales en Colombia son cruciales para América Latina, en el marco de la nueva ofensiva monroísta del presidente estadunidense Donald J. Trump, se juega la suerte del progresismo en la región. Ante una feroz campaña en su contra, ¿Conseguirá la izquierda repetir la victoria de 2022 ?

¿Se repetirán los resultados del balotaje de 2022?

Varios medios de comunicación colombianos e internacionales, así como en redes sociales, han destacado, como una antesala de la victoria de la derecha en el balotaje presidencial del 21 de junio próximo, la “sorpresiva” ubicación en el primer lugar de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta del 31 de mayo. Lo cierto es que un análisis de los resultados de la primera vuelta, desde la perspectiva de una contienda entre derecha e izquierda, son muy semejantes a los que permitieron la victoria del primer gobierno de izquierda de Colombia. Ante, una feroz campaña de la derecha, se mantiene, en realidad, una cerrada contienda por la Casa de Nariño.

En efecto, no hubo mayor cambio en el porcentaje de votos para Iván Cepeda (40,9%), en comparación con el 40,3% de Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022. Ello podría incluso apuntar hacia una repetición del balotaje de 2022; cuando la izquierda le ganó por 50,4%, a otro “outsider” de la derecha colombiana, Rodolfo Hernández (47,3%) y 3,3% entre nulos, blancos y no marcados.

Y es que la gran diferencia entre los resultados de la primera vuelta del 31 de mayo y los de 2022, es que, esta vez, sin esperar el balotaje, hubo transferencia de votos entre las tiendas de la derecha colombiana. En efecto, los votos previstos por las encuestas hacia Paloma Valencia, la candidata presidencial del Centro Democrático, la derecha clásica, se desplomaron a un 6,9%, siendo absorbidos por el “showmen ultra” Abelardo de la Espriella en la primera vuelta. Esa tendencia ya circulaba en las encuestas, frecuentemente sesgadas por el universo consultado y por una tradición de alta abstención, porque aunque hubo, 2,4 millones de nuevos electores, y un porcentaje mayor que el 54,91% en 2022, lo cierto es que más de 17,4 millones de colombianos se abstuvieron.

En suma, el resultado de Abelardo de la Espriella no tiene nada de extraordinario: los votos de la emergente nueva ultraderecha y del declinante uribismo sumaron 50,66%. Menos que el 52,1% de los votos, obtenido por una derecha más dividida en 2022, entre el “outsider”, Rodolfo Hernández (28,2%), que también causó sorpresa en 2022, y Federico Gutiérrez (23,9%), apoyado por el uribismo.

Tanto Paloma Valencia como el propio Álvaro Uribe reconocieron filas con vertieron de inmediato su apoyo al “outsider” de la Espriella para derrotar a Iván Cepeda, para que el neocomunismo no continúe. En esa perspectiva, en lugar de una ruptura y la instalación de una nueva derecha, se trata de su rearticulación, en lo que algunos califican de posuribismo que no resucita el desgastado uribismo, crecientemente erosionado, como lo muestra la condena de Uribe en agosto de 2025. El propio Abelardo de la Espriella afirma en un muy difundido artículo de BBC News Mundo: «Mi uribismo no está en duda; yo soy más uribista que doña Lina, Jerónimo y Tomás«, en referencia la familia de Álvaro Uribe.

¿Desplome del centro político y consolidación de un eje derecha/ izquierda?

Los resultados de la primera vuelta también reflejaron el desplome del autoproclamado centro político colombiano, defensor de las instituciones. En efecto, pesar de que las encuestas indicaban hace unos meses un mayor apoyo a los candidatos representantes del centro político, como Sergio Fajardo y Claudia López, obtuvieron votaciones testimoniales, mientras que la cohorte de candidatos independientes no superó el 1%.

En efecto, Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquía, que prometió que era su cuarta y última campaña presidencial, obtuvo el 4,3% de los votos. Por su parte, la exalcaldesa de Bogotá (2020-2023) y exsenadora (2014-2018), Claudia López obtuvo apenas 1% de los votos. Lo cierto es que los 1,2 millones de votos del centro político pesarán en el balotaje del 21 de junio.

Sergio Fajardo, pese a que siempre ha dejado muy en claro que nunca apoyaría a De la Espriella, no comprometió su apoyo a Iván Cepeda, dejó “en libertad” a sus votantes para el balotaje, como en 2022. Por su parte, Claudia López también ha negado su apoyo a Abelardo de la Espriella, pero su dupla, Leonardo Huerta le apoya. Las dudas del centro político en apoyar a Cepeda, pueden aumentar la abstención, por lo que la movilización del electorado de izquierda será transcendental.

Lo cierto es que el Centro político condiciona su apoyo a que Iván Cepeda dé un giro al centro y se distancie del saliente presidente Gustavo Petro. Lo cierto es que en una medida tendiente a contentar sectores del centro político, Gustavo Petro descartó la idea de convocar una Constituyente y ahora el Pacto Histórico plantea la necesidad de un Gran Acuerdo Nacional. Todo indica que el voto por el mal menor será para Iván Cepeda.

Los resultados de la primera vuelta presidencial, también apuntan a la consolidación de una nueva polarización política entre una derecha que busca retornar al pasado, con un nuevo disfraz que algunos califican de neofascismo y una izquierda progresista transformadora con arraigo popular que, a pesar de obstáculos, consiguió como en el caso de Mexico, mejorar las condiciones de vida y mantener una relación dinámica con los movimientos sociales.

Tras la muy mentada “polarización”, se está consolidando una ruptura emblemática, con las tradicionales contiendas entre derechas que caracterizaron Colombia desde el Acuerdo del Frente Nacional entre liberales y conservadores en los años 50, que excluyó hasta 2022, la posibilidad de una llegada de la izquierda colombiana a la primera magistratura.

Abelardo de la Espriella, candidato presidencial de "Defensores de la Patria"

¿Abelardo de la Espriella: “outsider” o nuevo disfraz ultraderechista?

Lo cierto entonces, es que los resultados del 31 de mayo revelan, más bien,  una rearticulación de la derecha colombiana en torno a un nuevo ensayo con un ultraderechista, presentado nuevamente como “outsider”, a pesar de que muchos analistas consideran que es un abogado formado en el corazón mismo del proyecto paramilitar de ultraderecha del uribismo.

Abelardo de la Espriella, de acuerdo, entre otros, con el sitio de periodismo de investigación Casa Macondo, hizo su fortuna como abogado de narcotraficantes, corruptos y paramilitares mafiosos y ligado al condenado abogado de Álvaro Uribe, Diego Cadena. Lo cierto es que Abelardo de la Espriella es homófobo, neoliberal, autoritario y antiprogresista. Un candidato con doble nacionalidad estadunidense y colombiana que, de acuerdo con Omar Rincón, sería 40% Milei, 30% Bukele, 20% Trump y 10% Bolsonaro.

Usa pirotecnia, canciones y hasta utilizó la camiseta de la selección de futbol de Colombia como arma de propaganda, al estilo de Bolsonaro, causando polémica por politizar un símbolo nacional en vísperas del mundial, hasta que una jueza le prohibió usar la bandera y símbolos patrios en su propaganda.

Desde una pecera, para protegerse contra virtuales atentados, pone en primera línea la inseguridad y un discurso de mano dura, prometiendo aplicar el modelo represivo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, contra terroristas y criminales. Promete revivir la “Seguridad Democrática” de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), abandonando las políticas de paz total, del Gobierno de Gustavo Petro, eliminando además la Jurisdicción Especial de Paz (JEP)j.

Por si alguien dudara de su carácter ultraderechista, están sus promesas de reducir el Estado. Promete la motosierra, despedir más de 700 mil funcionarios, recortar ministerios y ampliar las libertades tributarias. A ello se agrega su promesa de fortalecer el neoliberalismo extractivo abriendo las puertas a la inversión de mineras estadunidenses, fracking, y, terminar con los avances del gobierno saliente en materia medioambiental.

Promete consolidar un frente común contra el comunismo en la región. Al igual que otros gobiernos de ultraderecha de la región, promete estrechar los lazos con Washington, calificándose como estrecho aliado del presidente estadunidense y aliado de Israel. Promete reinstalar un Plan Colombia II con apoyo de Estados Unidos e Israel y la entrada de Colombia al grupo de gobiernos subordinados a Donald J. Trump, en el llamado “Escudo de las Américas”. Donald J. Trump calificó a Cepeda, de marxista radical y le entregó un “respaldo completo y total”, eligiéndolo, según algunos, como el próximo presidente de Colombia, sería según algunos, la marioneta de Mister Trump. Un abierto injerencismo como en favor de Asfura en Honduras, o de Javier Milei para las legislativas de octubre de 2025 en Argentina, entre otros.

A ello se agrega la fuerte campaña de desinformación de la derecha en medios de comunicación colombianos e internacionales, en redes sociales. Desde utilización de la inteligencia artificial, de influencers, el Proyecto Júpiter, el Hondurasgate, la guerra sucia y violencia simbólica, además de denuncias de compras de votos y de falsa bandera.

Hacia una victoria de Iván Cepeda del Pacto Histórico

Las posibilidades de una victoria de la izquierda en Colombia, esta vez con Iván Cepeda, siguen abiertas, pero eso depende de que consiga movilizar su electorado potencial, contrarrestando la fuerte abstención histórica en Colombia. Los resultados indican un alto nivel de participación en la primera vuelta, del orden del 57,8%, el más alto del siglo, 2,4 millones más que en 2022. También indican la persistencia de la distribución geográfica del voto: favorable a la derecha en 15 departamentos del centro del país; favorable a la izquierda en los otros 17 departamentos, en zonas del Pacífico y la costa Caribe, además de Bogotá.

Sin embargo, a pesar de que la dupla Iván Cepeda y Aida Quilcué, obtuvo más de un millón de votos más que Gustavo Petro y Francia Márquez en 2022 (aumentaron de 8,5 a 9,6 millones) el Pacto Histórico no consiguió movilizar plenamente su base electoral en sus plazas fuertes, particularmente en la Bogotá y la costa Caribe.

Otro factor importante para una victoria de la izquierda es la alta popularidad inusual con que termina el gobierno de Gustavo Petro, apoyado por las izquierdas y centroizquierdas colombianas agrupadas en el Pacto Histórico Alianza por la Vida así como que por sindicatos (CUT, FECODE), organizaciones campesinas y étnicas (Cumbre Agraria; ANZORC), movimientos indígenas (MAIS, AICO) y movimientos sociales (derechos humanos, paz ecologistas, estudiantiles y culturales, entre otros.

Un gobierno que ha permitido reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población. La pobreza ha bajado a niveles nunca vistos en Colombia. Todo ello gracias a una política pública asistencial para los más vulnerables, la elevación del salario mínimo y la reducción de la informalidad. También se ha rebajado la tasa de mortalidad infantil. Ciertamente, queda mucho trabajo por hacer, como en materia de terminar con el fantasma del conflicto armado e imponer la paz total, aunque las estadísticas indican reducción de las muertes por número de habitantes. Se trata sin embargo de avances que dan popularidad al gobierno saliente en las encuestas, porque por primera vez ataca las profundas desigualdades al origen de la violencia en Colombia. Persiste el desafío de poner freno a una corrupción endémica en el sistema político colombiano.

Más allá de Colombia, el balotaje entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella es un duelo entre la izquierda latinoamericana y el emergente neoliberalismo autoritario de ultraderecha en su versión neofascista apoyada por Washington, luego de Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, El Salvador y Honduras. Son elecciones en que se dirime el destino del progresismo de izquierda en Colombia y Latinoamérica confrontada a la cruzada neocolonizadora del trumpismo.